Verde, blanco o rojo, el pozole es todo un emblema gastronómico y tradicional en México. El sabroso caldito espeso ha sido un apapacho para los corazones y estómagos del pueblo mexicano desde tiempos inmemorables.
Bueno, dejémonos de habladuría y entremos de lleno a lo importante: el aroma con esencia a orégano que emana del vapor golpeando nuestro olfato y removiendo nuestras tripas suele recordarnos la comida familiar en casa de la abuela o aquel 15 de septiembre en que nos pusimos una borrachera inolvidable con los amigos. Su sabor es imposible de definir: esa mezcla perfecta de ingredientes con dejos sutiles que trabajan juntos para formar un gusto único, penetrante y especiado que nos transporta directo a nuestra infancia.
Cada pozole es distinto y se adapta al paladar de aquel que lo prepara. Desde pequeños aprendemos a comerlo de “X” o “Y” manera, quizá por eso sea tan difícil ponernos de acuerdo en cuanto a dónde se come el mejor pozole de México, si en Jalisco, en Guerrero, en Nayarit, en casa de tu abuela o en casa de mi madre. La verdad es que el “mejor pozole del mundo” suele ser el que prepara nuestra madrecita santa. Pero cuando el antojo nos corroe y no hay pozole en casa, debemos saber a dónde acudir para apagar esas ansias locas de un caldito de maciza.
FAMOSOS POR SU POZOLE
» La casa de Toño
Ciudad de México
» La chata
Guadalajara
» Pozole y tacos regios
Monterrey