Los túmin sirven para que los habitantes de Espinal compren medicinas, carne, leche, huevo, tortillas; también pueden usarse para pagar el dentista y horas de internet en un cibercafé (FOTO: Jorge Serratos)
No es una moneda, es un vale, es la propia comunidad quien le otorga el valor (FOTO: Jorge Serratos)
La participación en el intercambio es por voluntad expresa de los socios, de manera libre (FOTO: Jorge Serratos)
Un túmin equivale a un peso. Junto a estas líneas aparecen los nuevos billetes que pronto comenzarán a circular en el pueblo (FOTO: Jorge Serratos)
Presidente municipal Salvador Lammoglia, que aún no se anima a entrarle al trueque (FOTO: Jorge Serratos)
Juan Castro, uno de los principales promotores del túmin, charla con Irasema Natale, la dueña de las tiendas más antiguas del poblado, para tratarla de convencer de que ya ingrese al mercado tumista de Espinal (FOTO: Jorge Serratos)
Los tumistas dicen que con sus billetes alcanza más el dinero, se promueve una relación más cercana y se estimula la microproducción entre los estudiantes y amas de casa (FOTO: Jorge Serratos)
El escudo de Espinal, que cada túmin debe llevar. Este pueblo con dura pobreza y en el olvido ha despertado el interés por el trueque entre otras poblaciones (FOTO: Jorge Serratos)
Ramón Pastrana Suárez en su modesta casa. Es el panadero de Espinal y nos cuenta que él también recibe túmin (FOTO: Jorge Serratos)