El artista alemán Thorsten Brinkmann se ha hecho de una enorme colección de cachivaches aparentemente inútiles con el fin de representar el constante movimiento de los objetos (FOTO: EL UNIVERSAL)
El creador busca reflejar el eterno periodo de reciclado de los objetos. Incluso el desecho más infame puede convertirse en una obra de arte (FOTO: EL UNIVERSAL)
El artista opina que la sociedad, cada vez más consumista, fabrica las cosas con menor calidad con el fin de hacerlo todo desechable (FOTO: EL UNIVERSAL)
Sus retratos no tienen rostro, pues busca mostrar su ingenio sin hacerse presente (FOTO: EL UNIVERSAL)