No es nada fácil que la familia decida ir de campamento junto con el ejército de abuelas, tíos adoptados, primos y uno que otro colado en la fiesta. Sobre todo tampoco es divertido llegar al cerro, parque o playa, según el destino de preferencia, y armar la casa de campaña de hace ochenta años que les pertenecía a nuestros padres desde niños cuando corrían, por desgracia, con la misma suerte que nosotros: armar la susodicha residencia campirana de lona vieja, verde y arrugada, atada con mecates a unas alcayatas de madera que se compraron de último momento en la ferretería de la esquina.
Lo único bueno de vivir en este siglo es que todos los productos, sin importar cuales, existen en infinidad de presentaciones, colores y diseños. Si pensamos hoy en casas de campaña, lo mejor es comprar una de la marca inglesa Field Candy, una compañía dedicada exclusivamente a la fabricación de diminutas casuchas que rompen con el aburrido y clásico diseño de manta, ya que según Field Candy puedes personalizar cada casa como mejor lo desees; así que si quieres vivir en un queso o en una sandía, lo único que debes hacer para lograrlo es sencillamente pedirlo y pagarlo.
Los materiales con que se fabrican estas casas son de primera calidad: el enlonado es de algodón tramado que permite mejorar la circulación del aire. También cuenta con espacios para almacenar las botas o zapatos mojados y no hay que preocuparse por el armado, ya que viene con una estructura de aluminio que permite ponerla en pie en menos de cinco minutos, sin ayuda de los primos. Otra de las cosas que hacen de estos diseños tan buena opción es que tienen una base térmica en la cual puedes dormir sin problemas de frío, y si llueve tampoco hay que preocuparse.
Los precios varían, por supuesto, pero siempre vale la pena invertirle un poco para pasártela bien mientras que los demás duermen aburridamente en los asientos de la camioneta o sobre una lona llena de tierra que no calienta.