» Historias «

Vivir sin mafia en Sicilia

A 20 años del Maxiproceso, una guerra jurídica que desarticuló la estructura de poder de la Cosa Nostra, Palermo hace cuentas consigo misma. Porque aquí es la cuna de la mafia, pero también de la antimafia. Todos esos años de violencia y muerte han dejado como resultado una sociedad más organizada, una sociedad que, para no olvidar, bautizó sus calles con los nombres de sus héroes: jueces y policías honestos
Por Cynthia Rodríguez. Fotos de Cynthia Rodríguez, Karla Guajardo y El Universal
PALERMO, Italia | domingo, 20 de mayo de 2012 | 00:10

El 23 de mayo de 1992, en punto de las 17:58 horas, en la carretera que lleva a la ciudad de Palermo, más de 300 kilos de explosivos eran detonados en el kilómetro cinco de la A29, a la altura de la localidad de Capaci. Una zona, hasta entonces tranquila, se convertía en segundos en una zona de guerra donde los carros quemados y partes de cuerpos humanos eran buscados dentro del hoyo que había causado la bomba.

Cosa Nostra centraba esta vez sus ataques contra Giovanni Falcone, el magistrado que, gracias a las declaraciones de los primeros "hombres de honor" arrepentidos de esta organización, le habían revelado el nombre, la estructura y cómo operaba cada quien dentro de la organización.

Ese día, a lo lejos, Giovanni Brusca, también conocido como El Matacristianos y que él mismo reconoció haber cometido al menos 200 asesinatos, vigilaba el carro con el que cada fin de semana Falcone regresaba de Roma, donde había sido transferido apenas un año atrás en medio de varias polémicas a pesar de sus importantes logros en la capital siciliana. Por fin había llegado el momento. Habían tardado en planear detalle a detalle por más de 10 años, según las mismas declaraciones de Brusca tiempo más tarde.

"Nunca tuve la oportunidad de conocer al doctor Falcone. Mi resentimiento hacia él era idéntico como el de todos los afiliados a Cosa Nostra, porque era el primer magistrado que había logrado meternos seriamente en dificultad, el que había inaugurado la página del pentitismo (pentito significa arrepentido en italiano y desde entonces se les comenzó a llamar así a los colaboradores de justicia), el que había instruido el primer maxiproceso contra nosotros", señaló Brusca en muchas de las confesiones que quedaron escritas tras su captura el 20 de mayo de 1996.

Desde la montaña que se asoma a la carretera A29, cuatro años antes de su captura, Brusca apretó el botón del control remoto que haría saltar el carro donde viajaba el juez Falcone, su esposa y también magistrada, Francesca Morvillo, y tres agentes de su escolta.

Estación de los muertos

Por supuesto que Falcone no fue el primer magistrado asesinado por Cosa Nostra, ni desgraciadamente tampoco fue el último, pero su muerte dolió especialmente porque había sido él, junto con Paolo Borsellino y los jueces que conformaban el pool antimafia, el primero en poner por primera vez a la entera organización criminal contra la pared.

Con el llamado Maxiproceso (iniciado el 10 de febrero de 1986 y terminado el 16 de diciembre de 1987) se había logrado documentar más de ocho mil páginas de evidencias para poder llevar a 474 mafiosos a juicio. Al final del macrojuicio, 360 personas resultaron culpables con condenas de hasta 2,665 años de cárcel.

Antes de él, habían asesinado a los jueces Cesare Terranova (1979), Gaetano Costa (1980), Rocco Chinnici (1983) y Antonio Scopelliti (1991).  Fue Rocco Chinnici quien había ideado este grupo compacto de magistrados honestos para formar el pool antimafia. Después de su asesinato, Falcone quedó a cargo y comenzaron a verse resultados concretos.

La característica de todos estos jueces era la misma: hombres honestos que perseguían con escasos instrumentos jurídicos a los mafiosos que resultaban siempre más organizados y más fuertes.

Menos de dos meses después del asesinato de Falcone, la mafia volvía a golpear. Esta vez a Paolo Borsellino, quien junto a Falcone comandaba una guerra jurídica contra la mafia.

Con un coche bomba, el 19 de julio de ese mismo año, Borsellino apenas había descendido de su carro blindado en Vía de Amelio para visitar como cada domingo a su madre, cuando hicieron detonar 100 kilos de explosivos. De esta manera acababa la vida del triste magistrado, y las de cinco agentes de su escolta.

A diferencia de cuando murió Falcone, cuyos funerales se celebraron en la catedral de Palermo con miles de personas que lloraban y reclamaban justicia, además de decenas de políticos declarando su pesar;  los funerales de Borsellino fueron privados.

"No más farsas, no más promesas", decían los familiares del juez al que habían dejado de nuevo solo y ya comenzaba a germinar la duda de que el asesinato no sólo era responsabilidad de Cosa Nostra sino de una parte que estaba incrustada en las más altas esferas de poder del mismo Estado. Hoy, a casi 20 años de los hechos y gracias a que las investigaciones no han parado, la duda es casi ya una certeza.

El asesinato de los jueces en aquel 1992 se sumaba a una serie de acontecimientos que estaban cambiando la historia  siciliana, la historia italiana.

Apenas en febrero de ese año, explotaba uno de los mayores escándalos de corrupción que dio inicio a Tangentópoli, el proceso conocido también como Manos Limpias,  iniciado en la ciudad de Milán, que sacó a la luz un sistema de corrupción, concusión y financiamiento ilícito a los partidos políticos italianos donde se involucraban a ministros, diputados, senadores, empresarios y hasta quien era en ese momento el mismo presidente del Consejo, Bettino Craxi.

Comenzó entonces la agonía de los grandes partidos como la Democracia Cristiana y el Partido Socialista Italiano. Fue también el año en que por primera vez entró a la política el empresario Silvio Berlusconi; la fundación del Partido de la Liga del Norte, hoy también en grave crisis por corrupción de sus dirigentes. Fue el año cuando inició el terrorismo mafioso... Eventos que pusieron fin a toda una época y que marcaron el desenlace de la llamada Primera República y el comienzo de la Segunda República en Italia.

Sin planearlo, con la muerte de estos dos magistrados se cerraba un ciclo de violencia en Sicilia hacia personajes importantes y renombrados, pues con ellos dos se acababa la llamada estación de los Muertos excelentes y, por primera vez, el Estado en su conjunto actuaba para combatir con toda su fuerza a Cosa Nostra.

Desde su oficina en el Tribunal de Palermo, el procurador Antonio Ingroia recuerda ese periodo que marcó a la isla.

"En 1993 siguieron las bombas y los atentados fuera de la Sicilia. Los ataques vinieron en Roma, Florencia, Milán, al interior de una nueva estrategia. Ya no más tragedias contra hombres-símbolo del antimafia, pero atentados contra algunas bellezas artísticas, símbolos del país, como la academia de oficios en Florencia. Fueron las bombas de la impotencia del Estado democrático, que parecía incapaz de reaccionar. Bombas que habían puesto de rodillas a Italia, un país que parecía al borde del colapso", me cuenta Antonio Ingroia, quien en sus investigaciones contra la Cosa Nostra y las redes que ésta ha establecido con la política, lo han hecho también víctima de varias amenazas de muerte. Él, desde hace más de 10 años, vive custodiado de día y de noche.

Una historia difícil

Fundada por los fenicios, conquistada por los romanos, destruida por los vándalos, reconquistada por los bizantinos, invadida por los musulmanes, re-reconquistada por los normanos, re-invadida por los españoles y dominada por los borbones, Palermo también recibió a los hombres de Giuseppe Garibaldi en 1860, quienes desde ahí comenzaron su lucha por la Unidad de Italia.

Esta ciudad ha sido desde siempre escenario de grandes batallas donde cada rincón cuenta su pedacito de historia aún desde antes de su fundación, cuando los fenicios la bautizaron con el nombre de Zyz.

Erigida en las costas del Mediterráneo, Palermo muestra, a veces con fatiga, todas estas etapas de su historia con su hermosa arquitectura. Es considerada la ciudad más barroca de Europa, a pesar del abandono que durante largos periodos ha tenido, incluido el actual, donde por ejemplo, el servicio de basura llega a ser tan ineficiente que su belleza a veces es opacada por los montones de desperdicios tirados en sus calles.

Palermo es una de las poquísimas ciudades europeas donde aún se ven las ruinas que dejaron los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Fue en esa época cuando volvió a ser ocupada por las tropas aliadas del general norteamericano George Smith Patton.

Pero hay otra historia que desde el 900 se cuenta y caracteriza a Palermo: el surgimiento de la mafia, su desarrollo como fenómeno criminal organizado y que va más allá de la violencia y los homicidios que, durante largos años, han teñido de sangre a esta ciudad.

Desde entonces, cuando los historiadores detectaron su nacimiento, nacieron también una serie de prácticas que atraviesan, involucran y acompañan la vida de los sicilianos, especialmente a los palermitanos. Prácticas como la extorsión, aquí llamada "racket", el derecho de piso, nombrado "pizzo", que ataca principalmente a empresarios y comerciantes, hay también otra práctica que penetra en todos los sectores: la "omertá", es decir, el silencio de la sociedad ante una cultura mafiosa que no habla de estas prácticas y delitos, ya no digamos denunciar que en una cultura así sería demasiado, pero que finge demencia y niega que ocurran.

Por esta misma "omertá" también se cuentan cientos de víctimas que la sociedad aisló y dejó solos cuando denunciaban estas prácticas. Ahí está el caso del empresario Libero Grassi, quien se negó sistemáticamente a pagar el "pizzo" a la mafia y después de varios avisos, fue asesinado cuando salía de su casa el 29 de agosto de 1991. Hoy su recuerdo sirve a organizaciones como "Addio Pizzo", integrada por jóvenes, para que los comerciantes se sigan revelando a la mafia y dejen de pagar por un derecho que el Estado debe garantizar.

El mismo Estado en Palermo, en Sicilia y en Italia a veces también fatiga. Como muestra ahí está Salvatore Cuffaro, quien fuera presidente de la Región Siciliana por casi dos periodos (del 2001 al 2008),  hasta que decidió competir por una senaduría, aún cuando ya era investigado por el delito de concurso externo en asociación mafiosa.

Cuffaro ganó y se hizo senador en abril del 2008, aunque simultáneamente enfrentó sus procesos en curso. El 2 de febrero del 2011 tuvo que renunciar para entrar a la cárcel acusado de favorecimiento agravado a Cosa Nostra y revelación del secreto instructorio. Su condena definitiva es de siete años.

Este político y médico siciliano fue acusado por primera vez de ser el enlace entre mafiosos del clan de Brancaccio (un barrio popular de Palermo), y algunos políticos locales para llevar a cabo algunas obras públicas. Después fue acusado por su sucesor de mantener un pacto con otros ambientes mafiosos para la construcción de cuatro termovalorizadores en Sicilia. La Dirección Distritual Antimafia comprobó que Cuffaro, siendo presidente de la Región Siciliana, dio también información reservada a Giuseppe Guttadauro, un jefe mafioso y colega médico del Hospital Cívico de Palermo, cuando el segundo ya era investigado por la autoridad también por asociación mafiosa.

El viaje de la memoria

Llegar a esta ciudad es comenzar de inmediato un viaje para recordar a quienes han sido víctimas de la mafia. Para empezar, el aeropuerto de Palermo, que antes se conocía sólo como Punta Raisi, hoy lleva el nombre "Falcone y Borsellino". Dos nombres que se repetirán en plazas, escuelas, centros, auditorios y un sinfín de lugares donde buscan honrar su memoria, pero que también pareciera que al recordarlos, la ciudad les estuviera pagando una deuda que en vida no les pudieron saldar.

Asesinados con dos meses de diferencia, ambos magistrados que llegaron a las entrañas de Cosa Nostra fueron aislados cuando entendieron que la mafia había infiltrado a la política, a la administración pública y las altas finanzas.

Por la carretera A29, rumbo a la ciudad que representa la quinta más grande de Italia en población después de Roma, Milán, Nápoles y Turín, si se está atento se puede apreciar el monumento que fue erigido justo en el kilómetro cinco para recordar la tragedia de aquel 23 de mayo. A lo lejos hay una caseta con el escrito "NO MAFIA", que sirve como recordatorio para no olvidar el lugar desde donde Brusca hizo detonar los explosivos.

Ya en la ciudad, algunas de las calles, algunas de las plazas, incluso los parques y las bibliotecas, también hacen honor a otras víctimas de la mafia.

Ahí está la Plaza de la Memoria, justo atrás del Tribunal de Palermo para recordar a los jueces asesinados, o la Villa Falcone y Morvillo, un parque dedicado a los magistrados asesinados el 23 de mayo de hace 20 años.

La Villa se encuentra sobre Vía Libertad, escenario de otro ‘homicidio excelente’ (de esta manera se les llama a los asesinatos de personas que tenían algún cargo importante o muy conocidas). Ahí Vía Libertad el 6 de enero de 1980  es asesinado Piersanti Mattarella, quien era el Presidente de la Región Siciliana.

Mattarella había criticado desde su posición, que dentro la Conferencia Regional de la Agricultura de la isla, se actuaba con corrupción para beneficiar a los mafiosos. Por esos días ya había iniciado en Palermo un plan de modernización en la administración regional.

De hecho, fue en la década de los años 80 cuando Sicilia sufrió su peor momento de violencia, cuando Cosa Nostra verdaderamente comandaba con la complicidad de algunos políticos y funcionarios y por eso, quienes los criticaban, los investigaban o simplemente se revelaban al poder que habían adquirido, eran eliminados.

Así había ocurrido un año antes con el jefe de la policía investigativa de Palermo, Boris Giuliano, quien fue asesinado en un bar donde cada mañana acostumbraba tomar su café. El 21 de julio del año de 1979, en Via Di Blasi, Giuliano fue ultimado con siete balazos en la espalda. Había logrado con novedosos métodos investigativos descubrir muchas redes de Cosa Nostra para el tráfico internacional de droga.

Giuliano se había convertido en un peligro para la mafia pero al mismo tiempo en alguien vulnerable, había logrado con sus investigaciones entender los flujos del dinero de la mafia de un continente a otro, así como las relaciones que ésta había tejido con el mundo de la política y las finanzas.

Fue él quien descubrió las relaciones que había entre la mafia siciliana con el banquero y criminal Michele Sindona, a quien responsabilizan del asesinato de Giorgio Ambrosoli, el abogado que en 1979 tenía el cargo de comisario liquidador de la Banca Privada Italiana, además de estar involucrado con otro famoso banquero: Roberto Calvi, conocido como El banquero de Dios, y quien el 18 de junio de 1982 fue encontrado colgado bajo el puente Blackfriars de Londres. Hoy en Palermo hay dos placas para recordarlo: una en el comisariado, sede de la policía investigativa de la ciudad, y otra en una calle que también lleva su nombre: Boris Giuliano.

Cerca a la Via Libertad también está la calle General Carlo Alberto Dalla Chiesa, en honor al prefecto asesinado el 3 de septiembre de 1982 junto con su esposa, Emanuela Setti, y el agente Domenico Russo.

Dalla Chiesa, con gran experiencia en terrorismo y lucha contra las Brigadas Rojas, sobre todo en el norte del país, es transferido a Palermo luego de que el 30 de abril de ese año asesinaran al político Pio La Torre, quien como diputado había propuesto por primera vez una ley que introdujera el delito de asociación mafiosa y una norma que preveía la confiscación de los bienes mafiosos.

El general Dalla Chiesa llegó a Palermo en mayo de 1982 y, aunque varias veces declaró que lo habían mandado sin fuerzas y sin recursos para combatir a la Cosa Nostra, ya para junio había logrado armar un mapa delictivo de los jefes de la mafia, al que llamó el "reporte 162". Al poco tiempo comenzaron los arrestos, sin embargo, efectivamente no pudo hacer mucho, pues sólo cuatro meses después de su llegada fue asesinado.

Leyes nacidas de las muertes

Umberto Santino, historiador palermitano y responsable del Centro de Documentación que lleva el nombre de Peppino Impastato, en honor al activista y locutor radiofónico también asesinado que denunciaba a la mafia de su localidad (Cinisi), opina que toda la legislación italiana está ligada a los asesinatos.

Así fue. En 1982, hace ya 30 años, por primera vez la "mafia" es individuada por la legislación como fenómeno criminal distinto a la común delincuencia organizada. En ese año se introduce también el delito de asociación mafiosa (antes sólo asociación para delinquir), previsto por el artículo 416 bis, que había propuesto ya Pío La Torre, por lo que la ley es conocida como Ley Rognoni-La Torre, debido a que fueron los entonces legisladores Virginio Rognoni y Pío La Torre, quienes la impulsaron.

Con este nuevo artículo, dice Constantino Visconti, investigador de Derecho Penal desde la Universidad de Palermo donde da clases, el sólo hecho de pertenecer a la asociación criminal (mafia) se convierte en un delito y se persigue hasta con seis años de prisión. Para los jefes las penas son mayores, pues organizar siempre será más grave que pertenecer.

"Se puede decir que en el septiembre de 1982 nace la primera legislación antimafia italiana específica para las organizaciones criminales de tipo mafioso. La ley Rognoni-La Torre es  importante porque se trata también de agredir el patrimonio mafioso, el cual se alimenta en mucho por el control de las actividades económicas comerciales (extorsión) y  las concesiones para obras públicas por parte del gobierno, entonces de lo que se trata es de vigilarlas más", explica Visconti. Dentro de la misma ley se autoriza la confisca de bienes de los mafiosos.

En 1992, diez años después de los asesinatos de La Torre y Dalla Chiesa, y luego de los asesinatos de Falcone y Borsellino, hay una importante novedad en la legislación antimafia: se introduce finalmente una serie de delitos para impedir y obstaculizar el libre ejercicio del voto, así como la compra de votos en consultas electorales por parte de la mafia.

Visconti recuerda, casi con orgullo, las reformas legales que hubo a partir de 1992, pues desde su punto de vista, por primera vez se logró controlar con éstas a los mafiosos.

"Mil novecientos noventa y dos tiene también una consecuencia legal importantísima para los mafiosos que es la cárcel dura. Con el reforzamiento del artículo 41 bis, comienzan a ser controlados todo el tiempo, ellos, sus llamadas, su correspondencia, nada de visitas en privado, una hora al aire libre cada día", explica Visconti.

"Con estas nuevas medidas, literalmente enloquecen porque en la mentalidad mafiosa entraba también poder pisar la cárcel, pero no la dura, la cárcel como se conocía antes, con una serie de privilegios al grado que algunas parecían más hoteles que centros de reclusión. Incluso hay reportes que en las mismas cárceles se llevaban a cabo las juntas de los capos mafiosos y desde adentro podían seguir controlando a la entera organización y con el artículo 41 bis se cambió esto porque de lo que se trataba era precisamente aislarlos".

Hacer las cuentas

A 20 años de los asesinatos de los jueces Falcone y Borsellino, Palermo hace las cuentas con ella misma. Si bien aquí es la cuna de la mafia, lo es también de la antimafia. Todos los años de violencia y muerte han dejado como resultado una sociedad más organizada, una sociedad que ha aprendido de su dolor y que ha ganado importantes batallas.

Una de ellas es la Ley 109 de 1996 (109/1996) sobre el uso social de los bienes confiscados a los grupos delincuenciales, pues aunque la confisca de bienes ya existía desde 1982, es hasta este año cuando gracias a la organización civil se logran recolectar más de un millón de firmas para que esto fuera posible.

De esta manera, hoy la sociedad organizada puede reclamar al Estado no sólo en Sicilia, sino en toda Italia, los bienes confiscados a la mafia para un uso social. Así, por ejemplo, en las haciendas que fueron alguna vez de los capos de Cosa Nostra, hoy trabajan grupos de jóvenes en proyectos educativos y de formación profesional.

Nando Dalla Chiesa, sociólogo criminal e hijo del General asesinado en 1982, es una de las muchas personas de este país empeñadas en la antimafia. Él es de los que le apuesta a la educación de la legalidad para combatir a la criminalidad y la corrupción. Señala que la memoria es importante porque cada uno está dentro de una historia, de un país, de un momento.

"La historia está también en las personas que conocimos y uno debe saber que junto a todo el mal, toda la corrupción, toda la violencia que puede haber, también se está dentro de un río de personas valiosas, honestas, y se debe tener la fuerza y el orgullo para poder asumir nuestro papel histórico y poder cambiar las cosas".

Para Umberto Santino, la memoria puede no gustar. "A veces también la memoria incomoda, porque significa meterse delante de un espejo y notarse completamente diverso a como éramos hace 20 o 30 años. Luego se puede convertir en una especie de rito, de misa cantada donde cada uno recuerda a sus propios muertos pero no se llega a nada".

Ambos, Santino y Dalla Chiesa, coinciden en que Sicilia y especialmente Palermo, han producido un movimiento antimafia mucho más fuerte y rico que en otras regiones donde la presencia de grupos organizados también es fuerte: como Campania, donde opera la Camorra; y Calabria, donde opera la ‘Ndrangheta.

La organización de familiares de las víctimas tuvo en Palermo durante largos años, casi la exclusividad.

Para Alessandra Dino, socióloga e investigadora del fenómeno mafioso en la Universidad de Palermo, el momento de su ciudad a 20 años del asesinato de los magistrados, es delicado.

Dino, quien ha dedicado gran parte de sus estudios a la relación entre mafia e Iglesia, observa a Palermo como una ciudad abandonada a sí misma, donde por un lado, entre los jóvenes existe una gran preocupación por la equidad, pero al mismo tiempo una gran desilusión en la política que conmemora a veces en el vacío, sólo con discursos llenos de hipocresía.

Se acuerda de casos como el de Don Pino Puglisi, un sacerdote que sin buscar notoriedad ni nada, combatió a la mafia del barrio donde trabajaba (Brancaccio) con juegos y clases después del horario escolar para alejar a los niños y adolescentes de "las malas compañías".

"Hoy en Palermo faltan muchas más ofertas culturales; necesitamos una clase política seria y responsable que haga propias las necesidades de los jóvenes y de toda la población. Políticas que nos alejen de la asistencia social del último momento y que tenga el coraje de recuperar la ideología para enseñar a los jóvenes que la libertad se conquista".

Opina que con la entrada de Berlusconi al poder, todos, palermitanos e italianos en general han pagado un precio muy alto al aceptar la lógica berlusconiana, es decir, la mentalidad de la impunidad.

La investigadora Alessandra Dino coincide que a 20 años de las tragedias donde perdieron la vida los jueces Falcone y Borsellino, la sociedad civil y la magistratura son más fuertes, pero la política no y eso desilusiona a los palermitanos.

Para Dino, el valor de la memoria debe ser un patrimonio social simplemente porque sirve para diferenciar a las víctimas de sus asesinos o de sus agresores, además de que debe servir para construir el futuro.

"Una acción violenta como el asesinato de una persona, son cosas que se deben reflejar en la memoria colectiva, sin embargo, la memoria colectiva a veces suele ser selectiva, por eso se necesita trabajar en ella. Recordar lo que nos ha hecho daño, quienes han luchado, quienes nos han castigado para no volver atrás, para hacer que las luchas pasadas, los muertos por ellas, han valido la pena".

Han pasado 20 años y hoy son los mismos magistrados quienes recorren escuelas y universidades para hablar de la memoria y la legalidad. Hay miles de profesores que siguen investigando el fenómeno mafioso; cientos de organizaciones que, en su trabajo por recordar a quienes dieron antes su vida, se han convertido en ejemplo para las nuevas generaciones. Palermo se sigue resistiendo para no morir de mafia.

 

CYNTHIA RODRÍGUEZ escribe historias para diversos medios mexicanos desde Italia, donde colabora con el periódico "Corriere della Sera" y las revistas "Narcomafia", "Mezzocielo" y "Casablanca". Es autora del libro "Contacto en Italia: el pacto entre Los Zetas y la "Ndrangheta" (Debate). Es mexicana de nacimiento y palermitana por adopción, pues en 2010 la alcaldía de esta ciudad le otorgó la ciudadanía italiana