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Rebeldes con estilo

Una nueva generación de diseñadores textiles está apostando por creaciones irreverentes y usables, pero sobretodo por fortalecer la industria nacional. Conversamos con cinco egresados de Centro, una de las universidades que están formando a los modistas del mañana
Por Gabriella Morales-Casas. Fotos de Grace Navarro
| domingo, 17 de junio de 2012 | 00:10

Juan Ignacio es una de esas pocas personas que pueden tener el futuro asegurado desde el día de su nacimiento. Su papá, el licenciado Zermeño, es dueño de una próspera Notaría. El hijo, entonces, sólo tendría que haber estudiado leyes para heredar el negocio familiar. Su padre se lo hizo saber desde niño. Pero no. Juan Ignacio salió bueno para el dibujo y con los años comenzó a interesarse en el arte. En la adolescencia ya se distinguía como un stylist, por su instinto natural para combinar colores y crear los looks de sus amigos y amigas.

Al cumplir 20 años, Juan Ignacio le dijo a su padre que no sería abogado, sino diseñador de modas. "Al principio no quería, me decía que primero estudiara Derecho y ya luego hiciera lo que quisiera, pero no le hice caso; me fui a la universidad a meter papeles y me inscribí sin avisarle".

El director de Centro, una universidad especializada en artes gráficas y visuales, llamó al padre de Juan Ignacio para comentarle sobre el potencial que el chico tenía para el diseño de modas. El notario abrió los ojos como nunca antes. "Y a la que le tocó la Notaría fue a una de mis hermanas", dice el joven entre risas.

Las historias de sus compañeros en la carrera de diseño de moda no son distintas: Denisse Crespi también proviene de una familia de abogados; Juan Carlos Domínguez, igual, y aparte su papá es político; el de Daniela García llegaba a ver la televisión luego de un cansado día en la oficina. Nunca la llevó al teatro, pero ahora Daniela estudia para hacer vestuarios teatrales y cinematográficos.

Todos ellos recibieron el llamado del dios de la creatividad textil. Sólo Michelle Ferrer, una de los cinco diseñadores que representan a su generación en esta sesión de fotos y entrevistas, viene de una familia de diseñadores gráficos que la impulsaron a seguir por el camino de la creación.

Ellos son sólo una parte de los 20 alumnos de la sexta generación de la Licenciatura en Diseño Textil y de Moda de Centro, que se graduaron apenas hace unos días con el desfile Hilo Negro, como se denomina a la tesis que cada generación presenta como examen profesional y donde dan rienda suelta a su imaginación.

Las creaciones de estos diseñadores del futuro gritan rebeldía, libertad, independencia. Cada uno tiene personalidad clara, distinta y, por lo tanto, muestran propuestas diferentes: Daniela García se especializa en vestuario teatral; Denisse Crespi en moda para niños; Michelle Ferrer en prendas femeninas; Juan Carlos Domínguez tiene una propuesta urbana con reminiscencias de los años 60, para dama y caballero; Juan Ignacio Zermeño apuesta por un estilo subversivo y andrógino.

Las influencias de esta generación no vienen de París, Milán o Nueva York, como ocurrió con las camadas de diseñadores que los han precedido, sino de Amberes. Estos chicos están embelesados por la vanguardia del arte-textil que se está produciendo en Bélgica. "Ahí se está haciendo la mejor moda del mundo", dicen los chavos, casi en coro.

Aunque claro que respetan y retoman a los clásicos de la moda. Dior, Balenciaga y Chanel están entre sus favoritos. "Hay muchísimos diseñadores que ni siquiera son conocidos y hacen grandes trabajos", asegura Juan Carlos.

Los #yosoy132 de la moda

Daniela, Denisse, Michelle, Juan Carlos y Juan Ignacio lucen deseosos, fuertes y decididos a no detenerse ante nada, como no lo hicieron ante las negativas y los cuestionamientos de sus padres cuando les comunicaron que querían estudiar diseño de modas. Ellos se consideran parte de un pacífico despertar de una camada de jóvenes que buscan el respeto, la pluralidad y un futuro prometedor, así sean abogados, ingenieros, actores o diseñadores.

Son jóvenes universitarios que hierven de ganas de luchar y aportar algo a su país, aunque no se dediquen a las Ciencias Sociales, pero ellos también, desde el nicho del diseño textil, se declaran parte del movimiento #yosoy132, porque al crear una industria de la moda "apoyamos nuestra economía, nuestra cultura e identidad", dice Juan Carlos Domínguez.

Para ellos, desde su trinchera, ser #132 también implica involucrar a la sociedad para que crean en la moda mexicana. "En cinco años espero ver a la gente comprando ropa de diseñadores nacionales", dice Michelle Ferrer, quien desea tener su propia marca. Ella luchará para que los diseñadores mexicanos dominen el mercado nacional en diez años.

Eso, dicen, es crear industria, "educar a la población a consumir lo que es suyo", dice Daniela García. "Todavía hay gente que ve esto como un juego y no como algo serio, o que desdeñan un vestido porque no es estadounidense", agrega.

Precisamente por ello les causa decepción que los diseñadores más internacionales que México tiene en este momento, como Christian Cota y Ricardo Seco, se hayan ido a Nueva York para hacerla en grande. "Eso es lo triste, que se tengan que ir porque acá no tienen oportunidad de crecer más", dice Daniela. Por cierto, Seco saltó a la fama como diseñador de la marca Converse México.

"El objetivo de la carrera no es sólo que lancen sus marcas, sino que obtengan especializaciones para competir por puestos de trabajo en la industria", dice la directora de esta Licenciatura, Liza Niles, diseñadora estadounidense radicada en México desde 2003 y maestra de prestigiados institutos de moda internacionales como FIT y Parsons.

Ser diseñador local de una marca, como lo fue Seco en Converse, armar un plan de negocios, dirigir un consorcio trasnacional o ser personal shopper o stylist, como se le conoce en el argot a la labor de crear looks para los clientes, son solo algunos trabajos que les esperan a los graduados. "En México necesitamos profesionales de la moda en todas sus áreas: desde coordinadores de moda hasta directores de marca", explica Neils.

La mayoría de los chavos tienen la ilusión de crear su propia firma. "A mí ya me urge terminar para poner mi marca", dice Juan Ignacio Zermeño, que a pesar de no tener un financiamiento inicial para lograrlo, no se asusta. "Si no me aviento yo, nadie lo va a hacer por mí", comenta.

Esa mentalidad se ha vuelto un sello de la generación de jóvenes nacidos a fines de los 80 y principios de los 90, quienes no han heredado la conformidad de otras generaciones. "Antes estudiaban hasta los treinta y tantos y luego querían trabajar, como que no quisieron hacer más por ellos mismos", dice Juan Ignacio.

Denisse, que es la mayor de su generación con 27 años y tiene hermanos mayores de 30, es más condescendiente. "No creo que hayan sido conformistas, más bien hacían lo que ya estaba escrito, como diría Jarvis Cocker, el vocalista de Pulp ("rent a flat above a shop, cut your hair and get a job"). Ellos se buscaban un trabajo, se casaban… todo muy al pie de la letra; nosotros somos una generación mucho más arriesgada", dice.

Van por la moda "usable"

Al final, la realidad es que estos chicos que andan entre los 21 y los 27 años, impecablemente vestidos, nacidos en familias de la clase media y media alta del país, no cargan miedos ni prejuicios. "Queremos que la moda sea usable, que no piensen que sólo los chavos gays o las niñas fashionistas puedan disfrutarla", dice Denisse. Sus compañeros asienten.

Más allá de querer ser estrellas de la moda, lo que estos cinco chicos quieren es crear para darle personalidad a cada individuo. "La moda es fundamental; simplemente para salir a la calle tienes que ponerte algo, ¡lo que sea! Pues entonces usa algo que refleje quién eres y te permita expresarte", dice Michelle.

"Hay que tener algo qué decir, no se trata de hacer ropa bonita, como la que hace el propio Ricardo Seco, para eso vas a una tienda equis", dice Daniela, muy en serio y frunciendo el ceño; el largo pendiente de la oreja izquierda de la que cuelga una pluma de acero inoxidable se mueve con la misma fuerza con la que expresa sus pensamientos. "Si no hay propuesta, no hay autenticidad, si no hay creatividad, el cliente no lo va a querer", comenta.

En México hay otras prestigiadas instituciones que imparten la carrera de diseño de modas, como la famosa Jeannete Klein, IES Moda Casa de Francia y la Ibero, pero Liza Neils se siente orgullosa de que en  Centro "les enseñamos a coser, a hacer patrones, a ilustrar, ¡hasta a planchar sus propias prendas!", algo que, por ejemplo, no ocurre en la Ibero, presume la directora de Centro.

Denisse Crespi cuenta que "en la Ibero la enseñanza es mucho más técnica y poco creativa", y lo sabe de facto porque estudió tres años y medio ahí. "Me salí por eso, porque casi te enseñan a fabricar mezclillas sobre un modelo ya existente; acá es otra onda". Podría decirse que Centro les deja ser libres, ser ellos.

La buena noticia para la universidad es que en tan sólo seis años de existencia algunos alumnos egresados de esta carrera ya han destacado en la moda mexicana, como Pamela y Paola Wong, diseñadoras de la marca Pink Magnolia, que cuenta con boutiques en Polanco y San Miguel de Allende, y han participado en solitario en la plataforma de moda más importante de país, Mercedes-Benz Fashion Week.

Otro de los orgullos de la escuela es Natalie Amkie, cuyas prendas han salido tanto en las sesiones de moda de las revistas especializadas Elle, Harper’s Bazaar y 192, y finalmente, Andrés Rizo, que aunque va apenas en sexto semestre ya sacó su propia marca: Colaboración 00.

Ante esto, es inminente la pregunta, ¿qué tan rico se debe ser para ser diseñador? "Rico no, emprendedor sí", contesta rápidamente Juan Ignacio. "La carrera es muy cara en los procesos y en conseguir las telas", dice Daniela. Pero Denisse es más cruda: "es cara porque los diseñadores en México no tienen los apoyos gubernamentales para conseguir las telas; no hay apertura".

Es bien sabido cómo Kris Goyri, el wonder boy de la moda mexicana, consigue sus telas en Nueva York, o que Alejandra Quesada, la reina del folk, las manda a hacer a Holanda, y que la calidad de las prendas eleva el precio. "Todo eso encarece una prenda, así que nosotros también necesitamos atención de las autoridades para abrir los mercados", comenta Daniela.

Por lo pronto, cuenten o no con el capital o las facilidades para crear sus propias marcas, los chicos tienen la preparación para impulsar la economía de su país con su talento. "Mientras más empresas mexicanas surjan, mejor para todos", dice Juan Ignacio. Eso sí, a pesar de su garra por perseguir sus metas, los chicos están conscientes de que el camino es sinuoso. "Por eso hay que abrir los ojos a la sociedad, para que aprecie nuestro trabajo y el de los diseñadores que ya abrieron brecha", agrega Juan Ignacio Zermeño.

Desde los tiempos de César Franco, el rey del punto, hasta las propuestas de la extravagante Alexia Ulibarri o Trista, la moda mexicana del futuro está en manos de jóvenes emprendedores como ellos, con su vehemencia, su dinámica y su decisión casi insolente que no parece temerle a nada.

Desde su trinchera, los cinco chicos también quieren construir un país mejor.

 

GABRIELLA MORALES-CASAS es periodista especializada en moda, estilo de vida y sociales. Cuando tenía 20 años y cubría la fuente de futbol, en la extinta radio Monitor, acudía a los entrenamientos muy bien vestida y con zapato de diseñador, hasta que un día de lluvia sus elegantes Ferragamo se enlodaron en el pasto del Club América. Ese día pidió su cambio a Espectáculos