El clima es fresco para ser pleno verano y el pavimento mojado de la 37 Avenue Hoche sirve de alfombra de entrada para el tradicional hotel Le Royal Monceau. A dos pisos nos espera Jamie Bell en su suite, quien subió la misma escalinata de madera y alfombra que Charles Aznavour, Winston Churchill, Dwight Eisenhower, y hasta Madonna o Michael Jackson, en sus giras de política y arte en esta llamada Ciudad de la luz.
El apretón de manos es como estar ante un deportista. A sus 25 años, Bell sigue con la fuerza del bailarín que lo hizo famoso en el año 2000, con Billy Elliot, cuando contagió masivamente el uso de mallas y zapatillas de ballet entre los adolescentes.
Aún recuerdo las imágenes de Bell, a sus 11 años, saltando en su cama y bailando sobre cualquier superficie, desde techos hasta paredes, cuando Billy Elliot descubre su vocación por la danza. La cinta que obtuvo tres nominaciones al Óscar y le dio a Jamie la presea de Mejor Actor en su equivalente en el Reino Unido (BAFTA Awards) sigue siendo una especie de himno para personajes emblemáticos en el tema de superación.
Bell luce el mismo tipo de cabello corto que tenía en sus tiempos de niño prodigio. Aunque también pasó por diversos looks: el renegado viajero en el tiempo en Jumper (2008), el soldado de la Segunda Guerra Mundial en La conquista del honor (2006) y sus personajes de época en las adaptaciones de los clásicos literarios Nicholas Nickleby (2002) y Jane Eyre (2011).
Al sentarnos frente a una mesa con tazas de té y galletas, la primera pregunta surge por obligación: “¿Sigues bailando Jamie?”.
“Bailar es parte de mi vida”, responde Bell con sonrisa que aún tiene vestigios de adolescencia. “No puedo dejar de bailar, lo hice por siete años, es una gran forma de expresión, y me encanta”. Desde los seis años imitó los pasos de su mamá, su tía, su abuela y su hermana.
Defender su pasión por bailar le costó el apodo de ballerina boy (niño-bailiarina) entre los compañeros de su escuela. Estoico, aguantó el sobrenombre y siguió practicando piruets y splits. La experiencia intensa en su infancia con el arte, sin duda, le dejó una marca e hizo que en 1999 el director de cine Stephen Daldry lo eligiera entre dos mil niños para su Billy Elliot. Hasta estos días el realizador es su mentor: Bell nunca conoció a su padre después del embarazo de su mamá, una chica que tenía 16 años.
Aun con la fama de Billy Elliot a cuestas, Bell tuvo que aprender que la paciencia es virtud para cualquier artista, cuando no recibió nominación al Óscar de Mejor Actor, aunque en su patria inglesa lo daban por un hecho. Después, las cámaras paparazzi lo siguieron un rato, sin perdonarle cualquier indicio que acabara con su imagen de niño agradable y sano.
“Ahora me alegro que no se desbordara todo hasta el Oscar en Hollywood, pues un niño no está preparado para volverse celebridad así y llegar el lunes a tu escuela con la estatuilla dorada en la mano. También creo que la industria de cine no cuida a los más vulnerables y amateurs”, dijo Bell en 2007, cuando la prensa intentaba averiguar si había algún resentimiento por su infancia.
El nuevo tesoro de Spielberg
Bell ya puede presumir que ha sobrevivido al estatus de child actor y que Peter Jackson, quien lo reclutó para ser un marinero en King Kong (2005), convenció a Steven Spielberg (E.T., el extraterrestre, 1982) para dar su voz al personaje central y actuar en Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio (2011).
En lo que se ambiciona como el inicio de una serie fílmica, donde Spielberg y Jackson irán alternando en cada cinta la silla de director y productor, Bell no duda en mostrar el orgullo de estar bajo la mirada de estos importantes artistas de la lente y de ponerse la gabardina de Tintín, icono en la imaginaria europea, que todo niño conoce y devoró alguna vez en su casa o en el colegio como una historieta.
“No existe un plan maestro sobre qué es lo que sigue en tu vida de actor. He podido trabajar ya por diez años y distintas oportunidades se me han dado. Me siento más cómodo con las producciones independientes, pues sus directores están más dispuestos a experimentar”, dice el joven actor. “Uno siempre desea seguir viviendo de la carrera de actor, pero no hay nadie que te asegure que así sucederá”.
—¿Volverías a bailar en el cine?
—No es algo que descartaría, pero debo confesarte que no soy muy aficionado a los musicales. Creo que la energía de la danza se siente más frente a un escenario en vivo, más que un medio grabado como el cine y la televisión —dice como reafirmando una convicción—. Hoy en día es muy difícil incorporar números musicales dentro de la narrativa de una película; pero siempre habrá alguien como Baz Luhrmann (Moulin Rouge, 2001), siempre listo para sorprendernos.
De bailarín a periodista
Al igual que Billy Elliot, Jamie Bell nació también para interpretar a otro personaje que a unas cuadras de aquí comenzó sus primeros pasos en 1929, en los puestos de revistas de las esquinas europeas, bajo el nombre de Tintín, pluma y tinta del belga Hergé. Un año antes, las puertas del Royal Monceau se habían abierto a los parisinos.
En su sillón, con la lluvia empapando la ventana de la suite, Bell habla durante la entrevista mientras Peter Jackson y Steven Spielberg comparten su colaboración con la prensa. La apuesta es convencer a los medios estadounidenses de que el reportero e investigador Tintín cuenta con el carisma, la chispa, el ingenio y la disposición a la aventura, que héroes como Indiana Jones poseen en celuloide.
“Soy el miembro más reciente de este equipo que leyó Tintín, pues lo descubrí hasta 1981, cuando estrené en Cannes Los cazadores del arca perdida y las reseñas de los franceses se la pasaban comparando a Indiana Jones con el personaje de Hergé, diciendo que le había hecho un homenaje, aunque curiosamente nunca lo había visto”, apunta Spielberg, minutos antes de una conferencia de prensa. “De inicio me atrapó la dedicación de Tintín, quien nunca se rinde ante sus retos”.
Junto con Asterix de René Goscinny y Albert Uderzo, Tintín es de los grandes monstruos de la historieta en francés. Creado por el belga Georges Rémi, alias Hergé, el personaje de copete puntiagudo rubio es un periodista con gabardina puesta, que tiene como fiel amigo a su perro Milou (en inglés Snowy), siempre deseoso de seguir pistas que lo lleven lo mismo al Congo, a las pirámides de Egipto, a tesoros escondidos de bucaneros o hasta la misma Luna.
Hergé publicó sus aventuras escritas y dibujadas entre 1929 y 1976: 23 publicaciones (con un título más póstumo), traducidas a 80 idiomas. Vendió casi 350 millones de libros.
Jackson recuerda: “Crecí leyendo a Tintín, me di cuenta de que cuando eres niño y lees por primera vez estas aventuras, para uno este personaje se vuelve un modelo a seguir. En esencia, Tintín vive las aventuras que tú soñabas. Tienes siete años y te cuestionas: ¿No sería maravilloso cuando creciera poder ir a los mismos lugares que él va y tener las mismas aventuras? Después creces y superas la edad de Tintín, comenzando a releer sus aventuras y descubriendo la parodia e ironía, la sátira que Hergé le imprimía a sus historias, además las distintas fuentes de inspiración que tenía el autor al inicio del siglo XX. Sigo disfrutándolo mucho”.
Bell coincide con el realizador de la trilogía de El señor de los anillos, que en su hogar de Billingham, Inglaterra, tenía los volúmenes de Tintín. “Conocí a Tintín cuando tenía ocho años, era el primer personaje que hablaba francés de historieta que no estaba dedicado a criticar al gobierno y eso para mí lo hizo ser distinto. Era un ejemplo de excelencia para los niños y yo también compartía su espíritu de aventura, el deseo de viajar a distintos sitios”, recuerda, “ya el hecho de interpretarlo asumí que tenía una gran responsabilidad, pues hay millones de seguidores del arte y argumentos, muchos que llevan en su alma a este personaje y por ello no tengo más que admiración para Hergé”.
La intención de que no se quedara en el camino la fascinación por Hergé llevó a que Spielberg y Jackson abrazaran la técnica de motion capture, que permite a los actores interactuar en un set rodeado de decenas de cámaras que registrarán sus movimientos, para que después su actuación sea dibujada, trazada y animada, como lo hizo James Cameron en Avatar.
“Tomamos paneles de distintos libros de Tintín, quien siempre se mueve de manera peculiar y definida por su estado de ánimo, los ampliamos e imprimimos para pegarlos en las paredes donde estábamos filmando y realmente entramos en la dinámica de “hagamos esa pose este día o esta otra”. Queríamos transportar el peso del diseño de Hergé a la pantalla de cine y la tecnología del motion capture nos daba esa posibilidad. Me sirvió mucho mi experiencia de bailarín para imitar estas posiciones y actitudes físicas del personaje. ¡Imagínate al momento de verlo proyectado en una sala en 3D!”, cuenta, con emoción.
Bell tuvo al mejor maestro del arte de actuar en cuatro paredes verdes que después se transformarán en barcos pirata, dunas del desierto de Sahara y hasta una presa que inunda una ciudad costera. Andy Serkis, quien está bajo la piel de Gollum (El señor de los anillos), César (El planeta de los simios) y el gigantesco King Kong, interpreta en Tintín al capitán Haddock, amigo de aventuras, que tiene problemas con la botella y el ron.
De Serkis, Bell confiesa haber aprendido su devoción, antes que nada, por traer un personaje a la vida. Explorando sus matices, su drama interno y manera física de relacionarse con el mundo.
“Dediqué un buen tiempo para estudiar la génesis de Tintín, averiguar de dónde viene y cómo nació. Por ejemplo, cómo era el más grande resolvedor de acertijos”, recuerda Bell, revelando el andamiaje del personaje. “Pronto me di cuenta de que no conocía suficiente a Tintín. Me dije: ‘¿Quién es esta persona? ¿Por qué siempre tiene de amigo a un perro?, ¿dónde están sus papás? ¿Cómo es un periodista que nunca leemos sus historias en el periódico?’. Todas esas preguntas. Creo que Hergé lo hizo a propósito, se reservó mucha información y me permitió a mí, como a un niño, llenar todos esos espacios con todo lo que yo suponía pasaba y con todo lo que deseaba convertirme”.
Para Steven Spielberg, la relación entre Tintín y el capitán Haddock es como los opuestos que forman una sola persona: el yin y el yang. Este binomio mantiene interesado al espectador.
“Tratamos de tomar los mejores momentos de Tintín para hablar de su coraje, lealtad y persona con ambiciones, que es el personaje, sobre todo con su relación que tiene con Haddock”, dice Jamie Bell, “Tintín es alguien que vive para conseguir metas, es capaz de sumergirse al fondo del océano para encontrar al tesoro, mientras que Haddock es alguien que no tiene apuro alguno de logros, y además hace las cosas mal, destruyendo muchas de las cosas que Tintín tardó en construir. Todo esto se deriva de la idea de que opuestos se atraen, siempre hay momentos donde se necesitan mutuamente y se refleja que la amistad es el corazón de la película”.
La trama de Las aventuras de Tintín conjunta las tramas de dos libros de Hergé: El secreto del unicornio (1942-1943) y El tesoro de Red Rackham (1943-1944), la onceava y doceava de la serie de aventuras. Spielberg consiguió permiso de la Hergé Foundation —quien desde la muerte del autor, en 1983, cuida celosamente el legado de sus personajes— para especular el cómo pudieron conocerse el reportero y el capitán Haddock, escena que sin duda llamará la atención a los aficionados y hará más comprensible a las nuevas audiencias.
Esta aventura detona cuando Tintín descubre que un barco a escala, llamado Unicornio, lleva consigo una pista escrita sobre el paradero de un posible mapa de tesoro. Sus pesquisas conducen al joven directamente al camarote de Haddock, quien intoxicado por el ron, debe recordar cómo uno de sus ancestros que gustaba de izar la bandera pirata está relacionado con un tesoro escondido.
Durante tres años Bell tuvo que volar desde su casa en Nueva York hasta Nueva Zelandia, donde el cuartel general de efectos visuales y motion capture de Jackson, WETA digital lo aguardaban, como al resto del reparto que incluía al señor 007, Daniel Craig, como un millonario coleccionista que desea la réplica del Unicornio.
“Yo le llamo actuación olímpica porque estás entre cuadro paredes, sin montar luces o escenarios, repleto de sensores pegados a tu cuerpo, un traje tipo buzo y no paras de actuar. Como hay decenas de cámaras, Spielberg se dedicaba a cambiar dinámicas, dejarnos improvisar y él mismo cambiar la manera de capturar la escena, siempre apoyado de una especie de control tipo joystick y de un monitor.”
—¿Y qué fue trabajar con la mancuerna Spielberg-Jackson?
—Ellos superaron mis expectativas, me dije a mí mismo: ‘¡Wow!, ¿cómo logré trabajar con ellos?’. Ambos son unos visionarios que crean mundos. La primera vez que vi una película en el cine fue Parque Jurásico y fue aterrador, cambiando mi vida. Salí del cine pensando: ¿Qué es esta cosa llamada cine? ¿Quién es esta grandiosa persona llamado Steven Spielberg?, realmente impactó mi infancia. Tengo la oportunidad de hablar con el mismo hombre que ha hecho tantas películas y ha transformado la industria del cine”.
El último y no por ello menos importante reto para Bell, fue imaginar constantemente la presencia del canino y fiel aliado de Tintín, Snowy, de raza Wire Fox Terrier, quien poco le falta para hablar, pues su inteligencia siempre se denota en cada acción. El personaje de cuatro patas tuvo que ser animado todo el tiempo, por lo que su magia no se nota sino hasta el corte final que Jamie y el resto de los espectadores vemos en la pantalla.
“Esta película reúne la nostalgia por un personaje icono en la historieta, con el celebrar al cine de aventuras. No encuentro quién mejor que Spielberg, Jackson y Hergé para hacerlo”, concluye Bell complacido de decir misión cumplida.
A la salida del hotel francés, que Hemingway, Maurice Chevalier, Disney y Coco Chanel, entre muchos otros, usaban de refugio vacacional, el encendido de las luces parisinas indica que nada se va nunca y todo queda para recordar.
MARIO P. SZÉKELY se pasa la vida cual ‘Indiana Jones’: la mitad del tiempo entrevistando personajes del cine y el resto dando clases a universitarios. Cada vez se da cuenta de que las verdaderas celebridades son sus alumnos, dice que ellos sí cambiarán al mundo