Hay una bodega dentro del Instituto Politécnico Nacional donde se albergan sueños tecnológicos: la cortina es color rojo y con grandes letras resalta el escudo de esta academia incubadora de jóvenes investigadores. Adentro, en medio de pedazos de carrocería, motores, planos y diseños, se encuentra Emin One. No es el nombre de otro superhéroe de cómic sino el de uno de los inventos más importantes del país que fue desarrollado por ocho estudiantes. Se trata de un auto pintado en color azul que transita y se recarga con energía solar, un prototipo que apuesta al medio ambiente y a mejorar el mundo. Y justo eso, pensar en el planeta, es la tendencia de los chicos creadores mexicanos, quienes a pesar de tener poco presupuesto y de la falta de apoyos, cada vez más empujan inventos para luchar contra la contaminación, contra la escasez de agua o contra la obesidad infantil.
Nos dimos a la tarea de rastrear a las "mentes Einstein" del país y así es como encontramos a inventores de autos híbridos y futuristas, a un experto en hacer rendir el agua y a un creador de frituras sanas, una creación relevante si se considera que México ocupa el primer lugar de obesidad infantil en América Latina, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Estos cinco casos representan sólo una parte de la productividad creativa mexicana que, de acuerdo con la pasada "Expo Ingenio, Inventos y Negocios", organizada por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (Impi), la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (Concamin), la Secretaría de Economía (SE), la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (Fumec) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), al menos durante todo 2011 se registraron 951 nuevas patentes. Un gran número sí, pero no es absolutamente nada si se compara con el desarrollo de otros países, como China, por ejemplo, cuyas mentes juveniles pensaron y crearon en el mismo año más de 200,000 patentes.
Tal vez aún no producimos los autos voladores y los robots perros que ladran como en Japón, pero por lo pronto, con una inversión —preocupante— en ciencia y tecnología menor al 2% del Producto Interno Bruto (PIB), los jóvenes cerebros mexicanos se están poniendo la camiseta de superhéroes.
Esta no es otra historieta de superhéroes, no, son las historias de un grupo de jóvenes inquietos que voltearon a ver a su país con vista de rayos X. Como dice el dicho: los mejores inventos nacen de la necesidad; y ellos han creado soluciones para un mundo mejor.
AQUAMAN
Hace tres años Enrique le cambió la vida a Clara Gaytán, una señora de 61 años que vive en la colonia Cultura Maya, en el Ajusco, al sur de México: le regaló el mejor de los superpoderes, el derecho al agua. Este chico de 29 años estudió Diseño Industrial en la Escuela de Arte y Diseño de Rhode Island y en 2006 presentó su proyecto de tesis con la idea de inventar algo para ayudar a las comunidades de bajos recursos. Así que después de regresar a México, en 2009, se mudó a la calle de Izamal en el Ajusco Medio, justo para entender las necesidades de los habitantes de esa colonia. Ahí vivió en carne propia la carencia de agua y creó un sistema de captación pluvial para familias pobres: Enrique desarrolló un proyecto que cosecha el agua de lluvia para uso doméstico.
Enrique ha recibido becas de diversas asociaciones y con esto ha podido invertir y colocar el sistema de captación de agua en más lugares. "Los primeros sistemas fueron a cuenta propia, mi dinero y poco de las familias, después empezamos a buscar becas, la primera que obtuvimos fue del Injuve (Instituto de la Juventud), más tarde abrimos una microempresa dedicada a la captación de agua y ahí empezamos a vender productos a clientes ya de mayores recursos", me cuenta Enrique Lomnitz.
Las autoridades han medido la calidad del agua y los resultados han sido tan sorprendentes que Enrique y su equipo han sido invitados a foros en el extranjero. Este fue el único proyecto nacional que logró estar en el World Challenge de 2010, y llegó a los finalistas.
Y así, de un invento y del deseo de retar a la naturaleza misma, lo que emprendió hace tres años terminó siendo una gran iniciativa bajo el nombre Isla Urbana.
¿Cómo funciona el sistema?, le pregunto. Él me explica que canalizan el agua con tubos, con lo que tienen un desvío que permite tirar las primeras lluvias del año que caen muy sucias, luego pasa por un filtro (una malla) y después por un separador de aguas: evita que los primeros 15 minutos de cada aguacero pasen a la cisterna. Durante ese tiempo sólo se está lavando el techo, después ya puede pasar el agua a la cisterna para clorarla. Al final del proceso pasa por dos filtros y queda lista para uso doméstico.
Quizá es un desconocido para muchos, pero al menos para mil familias es la persona que resolvió el problema de falta de agua en sus casas, casi un superhéroe para ellos.
"Siempre he cuidado el valor del agua, incluso le doy dos o tres usos, después de lavar la ropa, uso el agua de la lavadora para mis plantas, para barrer y trapear y para el baño", me dice Clara, una de las beneficiadas. "Ahora hasta se me desborda por las manos", me dice y junta las manos, ríe con una inmensa felicidad, desbordada también.
"Aunque tenga mi cisterna ya llena de agua de lluvia limpia, limpia y clarita —me platica con un brillo en los ojos— sigo sin bajarle a la palanca del baño, regando con agua ya usada y enseñándole a mis nietos el valor de tenerla". Antes tenía que comprar una pipa de 900 pesos.
Enrique impulsó su proyecto con 40,000 pesos, pero la meta ahora es más alta: "Queremos llenar la Ciudad de México con el sistema de captación de agua de lluvia, queremos que México sea un líder mundial en la captación de agua de lluvia y lograr que el país se vuelva un lugar sustentable en agua".
LOS CHICOS SOLARES
En una gran bodega semioscura que parece un cementerio de autos, de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) Zacatenco, del Instituto Politécnico Nacional (IPN), nació Emim One: un auto solar que pesa 170 kilogramos, poco más que una motocross. El coche es capaz de transitar seis horas continuas con tan sólo una recarga solar de 3.5 horas, gracias a los paneles solares de los que está hecho.
"Surgió como un proyecto académico pero nos enteramos de una competencia de transporte y movilidad y la idea creció, le dimos mayor importancia y construimos un vehículo más grande y capaz para competir", me cuenta el estudiante Eduardo Colín sentado en el pupitre de un salón del Politécnico.
Ricardo Mondragón, Gabriel Nicolás, Iván Francisco Bravo, Eduardo Colín, Dany Godínez, Juan Antonio Romero, Gabriel Cruz Lozano, Ernesto Govantes y Uriel Isaac Torres, de la carrera de Ingeniería en Sistemas Automotrices (ISISA) fueron los ocho cerebros que llevaron los conocimientos aprendidos en el aula a un proyecto automotriz tan ambicioso que logró ganar el primer lugar en el Segundo Premio Nacional sobre Transporte Urbano y Movilidad convocado por la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM).
Dicen que a pesar del poco patrocinio y los escasos recursos no tambalearon la idea. Invirtieron cerca de 10,000 pesos entre todos para echar andar el auto y que así las autoridades del Instituto los voltearan a ver con más seriedad y les dieran luz verde.
"Hubo varios patrocinadores, uno de ellos fue Electrotecnia Solar Aplicada, que nos proporcionó los paneles solares y las tres baterías conectadas en serie, las que hacen en conjunto 36 volts. Otra parte fue proporcionada por el Instituto y una parte nosotros", me dice Gabriel Nicolás.
Todos tienen entre 22 y 23 años, visten de tenis y mezclilla. En pleno quinto semestre de la carrera su gusto por la ciencia automotriz los llevó a los diarios nacionales e internacionales con el invento de su auto solar.
"Todo el tiempo trabajamos contra reloj, pasamos ratos muy malos, nos quedábamos a dormir en la escuela, y hasta nos espantaban, ni la niña que escuchábamos cantar o cuando la cortina de la bodega se movía sola —ríen— nos importó, porque la mayor satisfacción fue cuando el jurado y los demás lo vieron funcional, un auto que funcionaba, aunque tuviera pequeños detalles que todavía no se afinaban como la carrocería, pero lo pudimos echar a andar".
Durante un chat masivo de Facebook bautizaron a su proyecto como Emim One, que significa Electro Motion Isisa México, lo metieron a un concurso y ganaron 80,000 pesos. "No nos quedamos con nada", dice Gabriel, haciendo hincapié en el "nada". Y agrega una cosa, casi como de agradecimiento: "El saber vender tus creaciones, tu tecnología, es algo que nos enseñan mucho los profesores del Instituto".
Les pregunto a estos chicos con ideas de cambio hasta dónde quieren llegar. "Queremos crear una microempresa automotriz para también generar empleo", dispara Gabriel, y todo asienten.
Por ahora tienen en la mente otra idea: "Aún estamos decidiendo qué hacer, no sabemos si hacer un vehículo con combustible alternativo o hacer una combinación entre gasolina y energía eléctrica. Pero lo vamos a hacer, vamos a romper barreras". Todo sea por mejorar el planeta.
EL HOMBRE VERDE
No, nadie lo conoce como El hombre verde pero bien podría el mundo bautizarlo de esta forma: Gerardo Arzate es el creador de Lasus, un laboratorio de sustentabilidad dentro de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Es un lugar donde pareciera que sólo se trabajan ideas supersónicas. Gerardo diseñó y coordinó el primer auto híbrido hecho en México, conocido como AutoPuma CA-21. El proyecto, aún sin fecha para la presentación, es un auto ecológico impulsado por hidrógeno y celdas de combustible que serviría a la UNAM no sólo como patrulla, también como auto de sistema médico y de distribución de correos.
Con un modelo que parece sacado de una película futurista y con figura de escarabajo, este invento generado en Lasus hizo tanto ruido que si el modelo se llegara a replicar en 150 patrullas de Ciudad Universitaria, como se tenía previsto, México tendría la Universidad pública con más autos de hidrógeno en el mundo. El AutoPuma CA-21, transformará el sistema de transporte y vigilancia de la universidad más grande del país.
Gerardo, diseñador industrial, fundó la empresa Lasus, de la que también forman parte sus dos hermanos, Mariana, una diseñadora de producto, y Miguel, un arquitecto. "Inventamos y creamos bajo la idea de que el diseño es analizar problemas y generar soluciones", así autodefine Gerardo al equipo.
"Formamos un espacio que genera oportunidades de investigación pero que también tiene relación directa con la UNAM", me explica Gerardo.
Además del AutoPuma CA-21 han creado el Parabus Ecológico de la Ciudad de México, sí, por si te preguntabas quién creó los parabuses del Corredor Cero Emisiones y que en la noche funcionan como lamparotas gigantes, fueron los chicos Arzate, quienes comisionados por el Instituto de Ciencia y Tecnología del Distrito Federal rediseñaron un nuevo sistema lumínico de los parabuses de este corredor ubicado en el Eje Central en la Ciudad de México.
Gerardo también ideó KUBO: un auto que se maneja solo. Sí, está leyendo bien, en este país alguien ya inventó al "auto increíble". El prototipo es un vehículo ecológico no tripulado que funcionaría como transporte público impulsado por hidrógeno y controlado por un sistema de GPS.
Los clientes recurrentes de su laboratorio son el gobierno de la Ciudad de México, los aeropuertos de México y el Conacyt, además de las alianzas que tiene con la UNAM. "No pertenecemos al presupuesto de la UNAM. Nosotros diseñamos un proyecto y concursamos para poder patrocinarlo y hacerlo. Y así hemos logrado que nuestro trabajo sea expuesto en Portugal y Suiza", me dice Gerardo.
MR. BAMBOOCYLES
Quiero hablar con la mente detrás de una bicicleta de bambú, pero Diego Cárdenas, un muchacho de 26 años, egresado de Diseño Industrial en la UNAM, ahora mismo está en un reality show organizado por National Geographic en Buenos Aires, la capital argentina. Es un concurso para ingenieros y diseñadores donde el reto diario es no detener el hambre de la invención. Digamos que anda metido en un "Big Invention". Lo llamaron para participar cuando supieron que había logrado diseñar una bicicleta ecológica, hecha de bambú. ¿Cómo lo logró?
En cuarto semestre de universidad Diego tuvo una beca para participar en Francia en un taller sobre bambú: "Ahí conocí el material, sus características y cómo se trabaja. Mientras estuve por Europa me moví en todo menos en transporte público y taxis, conocí las ciudades a pie y me gustó esa perspectiva, cómo puedes apreciar más el clima, la arquitectura, los olores, es otra dimensión que nunca había percibido. Utilicé bicis y patines y me di cuenta cómo en algunas situaciones estos medios de transporte pueden ser muy eficientes y elevar mi calidad de vida", me cuenta Diego a través de una ventanita de chat desde una computadora en Argentina. Por fin le dieron un espacio en el reality show para poder responder a mis preguntas.
A su regreso de Francia salió a comprar una bicicleta. "Cuando fui a buscarla no encontré nada que me gustara y entonces decidí hacerla, en ese momento la solución obvia era de acero. Fue hasta que en una investigación sobre tendencias del diseño reflejadas en bicis que me encontré con bicicletas de bambú. Existen desde la década de 1890, cerca del inicio de las bicis. En mi cabeza se unieron los puntos y me puse a trabajar en mi primera bici de bambú".
Después de tres meses de construcción y diseño Diego salió a las calles con su invento listo para rodar. ¿Dónde la compraste?, le preguntaba la gente. Así es como nació la idea de la línea Bamboocycles, que produce tres modelos distintos: "Una bicicleta para quienes gustan de andar rápido en el ritmo de la ciudad (UR), una más lenta para los que la usan para pasear (UC) y por último la Bici Niño, que es de entrenamiento para niños entre uno y seis años", me explica Rodrigo Elizalde, el socio de la empresa y amigo de Diego.
Diego logró crear una microempresa que además de original ayuda al medio ambiente, ya que el bambú reduce el consumo de energía y las emisiones de CO2 al sustituir el uso del auto por una bicicleta hecha de este material. Cinco personas trabajan ahora en este negocio, ubicado en la colonia Escandón, en el DF. Me sorprendo de ver a estos geniecillos en su oficina: además de estar pensando en salvar al mundo se divierten en la oficina jugando Xbox o se relajan en una hamaca. "Nuestra empresa es de ir de tenis y andar en bici", puntualiza Rodrigo.
Las bamboocycles se han hecho tan famosas que ahora exportan lotes a Suecia, Corea del Sur, Alemania, Inglaterra, Polonia y Argentina. Y como compradores fijos tienen a Estados Unidos y Suecia. Sí, el joven Bamboocycle y su invento son ya un ejemplo mundial. "Hoy quiero seguir diseñando, investigando y lograr generar un producto con la menor huella de carbono posible. Esa es mi meta", me dice Diego por la misma ventanita de chat.
EL SEÑOR CARA DE PAPA LIGHT
Después de una larga búsqueda e intentos fallidos por encontrar al hombre que inventó lo que millones de niños y fanáticos de las frituras han esperado por toda la eternidad, por fin encontré a Simón Sacal, un joven mexicano ahora de 29 años que empezó a trabajar una idea que si tuviera la suficiente resonancia podría darle gran batalla a uno de los principales problemas de salud en México: la obesidad infantil.
Al principio no pensó que fuera a terminar haciendo papas, pero en 2003 ya estaba en el garage de su casa inaugurando su primer laboratorio y nido de ideas tecnológicas.
Tal como se lee, como si fuera historia de una serie científica o un video con toque de Do it yourself, fue el garage de Simón el espacio testigo donde nació el proyecto científico que le permitió años más tarde crear botanas que no tienen un gramo de grasa. "Los probamos en un puestito de un centro comercial y vimos el éxito así que decidimos expandirnos, por eso fue que en 2005 el Conacyt se interesó en nosotros, porque la tecnología que creamos para la producción lograba alimentos muy saludables, nos compraron acciones para que siguiéramos teniendo capital", me cuenta.
Lo que logró Simón con una simple idea y gusto por las ciencias de la nutrición le dio un nuevo giro a la industria de las botanas en México. El producto de este chico es una de las innovaciones que ayudan a combatir los problemas de obesidad y sobrepeso en el país.
Pero, ¿por qué no todo México lo conoce? No lo sabemos. Al menos Simón con un tono decidido y prometedor me comenta que aunque no podría hablarme de cifras exactas de la empresa, por las políticas internas que tienen, cuenta que para finales de este año Ser’0 Chips se venderá ya no sólo en Wall-Mart y Superama, como se hace por ahora, sino también en los demás centros comerciales y hasta en los changarros de las esquinas.
Tal vez la ambición de Simón, que estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Iberoamericana (Ibero) se lea muy grande, pero si ya pudo crear una tecnología capaz de quitarle la grasa a las botanas seguro llegar a las millones de tienditas de la esquina no le causará mayor reto. "Creo que el único obstáculo grande que tuvimos que enfrentar cuando ya hicimos de la idea una empresa productora, fue la corrupción que hay en la industria, porque el tema del presupuesto para impulsarla e invertir fue llegando solo", me dice Simón.
Justo el año pasado uno de los fondos de inversión más grandes del mundo se interesó por esta creación mexicana y ahora The Carlyle Group también forma parte de las acciones de la empresa, la misma idea que comenzó como un simple proyecto de venta y que ahora tiene una planta en el Estado de México y emplea a más de 100 personas.
Pues bien, a lo mejor lo único que no vio venir Simón cuando desarrolló su idea es que los superpoderes de la papa light tendrán que ser grandes: tan sólo el año pasado se comercializaron en todo el país 424 mil toneladas de totopos, papas fritas, botanas y frituras de maíz inflado, cacahuates, churritos, chicharrones y palomitas. Esas toneladas son las que han contribuido a que México siga siendo el primer lugar en obesidad infantil, que una de cada tres mujeres mexicanas y uno de cada cuatro hombres sean obesos, y que además, también encabezamos la lista con más mujeres con sobrepeso en el mundo.
KENIA RIVERA es una periodista mexicana que escribe para "Cosmopolitan" México y Latinoamérica. Su mejor invento fue cuando mezcló té de frutos rojos, agua mineral, jugo de lima, hielos y mucho vino tinto. "El paraíso", así lo nombró