Tener apenas 14 años y ser el baterista en una banda de rock. Tocar en bares, donde la gente aplaude, grita y se acerca para decirte que eres lo máximo. ¡Un chingón! Conocer luego a Aleks Syntek —famoso desde niño por salir en el programa de televisión Chiquilladas—, formar con él un nuevo grupo y poco tiempo después firmar con EMI Capitol para grabar tu primer disco, aún sin haber cumplido los 20. Empezar a sonar en la radio, volverte famoso, hacer giras en México, en Centro y Sudamérica; en Estados Unidos. Vender cientos de miles de copias, ganar discos de oro, tocar en el Limelight de Nueva York, en el House of Blues de Los Ángeles, auditorios cada vez más importantes y más grandes. 10,000 personas, 20,000, ¡35,000!
Michel Rojkind se llena de emoción al recordar su vida hace más de 15 años, cuando era "gente normal" y la arquitectura estaba todavía replegada en el salón de clases.
—Hasta ese momento sólo habíamos tocado en bares, auditorio, pero llegamos a Colombia y de pronto estábamos en un estadio con 35,000 personas. Todo mundo brincaba y yo decía: ¡No mames…! ¡¿De dónde nos conocen?! —dice Rojkind, entusiasmado.
Estamos en el piso 12 de un edificio ubicado en el corazón de la Condesa, desde donde la Ciudad de México se muestra esplendorosa. Aquí, en Rojkind Arquitectos, se han estado tomando las decisiones más importantes sobre el renacimiento de la Cineteca Nacional, uno de los recintos culturales más importantes del país desde su fundación, en 1974. Éste ha sido, desde hace siete meses, el centro de operaciones donde Gerardo Salinas y Michel Rojkind dirigen a un equipo conformado por aproximadamente 140 personas, entre arquitectos, diseñadores gráficos e industriales, consultores de cine y de isóptica, para desarrollar el proyecto llamado Cineteca Nacional del Siglo XXI. Pero, ¿qué tuvo que pasar en la vida de Michel Rojkind para que llegara este momento?
¿Cómo nace la gente normal?
Para empezar a entender a Michel Rojkind hay que saber cuántas horas duerme al día y por qué.
—Me daba ansiedad que mis hermanos despertaran antes que yo —dice Michel sobre el recuerdo de su niñez—. Despertar y que ya estuvieran ellos afuera jugando… Pensaba: 'Puta, ya me perdí quién sabe cuántas horas de la vida'. Y se me quedó como una fijación, así que hasta la fecha duermo nada más cuatro horas diarias.
Intenso e hiperactivo desde niño, Michel quedó fascinado desde la primera vez que vio a alguien tocar una batería. Aunque apenas tenía 13 años y no era muy consciente de ello, intuyó que uno de esos instrumentos en casa sería ideal para canalizar su energía, así que decidió hablar con su madre.
—Y mi mamá dijo: "¡Perfecto! ¡Voy a subir a este güey a una batería y se va a cansar!". Lo malo es que resultó al revés: me subía a tocar y me bajaba como el Demonio de Tasmania.
Michel aprendió rápido y aprendió bien. Pronto, aunque tenía escasos 14 años, empezó a tocar en distintos bares de Satélite, como el High Tower, el Satélite Rock y el Spequio. Poco a poco se empezó a relacionar con otros músicos del circuito, como es el caso de Alejandro Fernández, homónimo de El Potrillo y en ese entonces baterista de Alejandra Guzmán, quien lo puso en contacto con Aleks Syntek. Era el final de los años ochenta.
—Yo sabía de él porque en esa época ya lo ponían en la radio pero pensaba que era un güey argentino o de otro lugar… no sabía de dónde. El caso es que, cuando me lo presentó, pues poca madre —dije—, qué buena onda este cabrón. Y Aleks Syntek debe haber pensado algo parecido porque no pasó mucho tiempo para que le propusiera armar una banda juntos.
Michel no sólo dijo que sí, propuso además incorporar a León Chiprut, un amigo a quien conocía desde hacía mucho tiempo atrás y tocaba bien la guitarra. Nació entonces Aleks Syntek y la Gente Normal.
Entre lo real y lo irreal
Michel estaba estudiando el primer semestre de Arquitectura en la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México cuando a la banda le llegó la oportunidad de hacer su primer disco. Era 1989 cuando EMI Capitol les ofreció un contrato para grabar ¡Hey tú!, el álbum del que se desprendieron los sencillos "Unos quieren subir" y "Una pequeña parte de ti", que poco a poco empezaron a sonar y fueron abriendo camino al éxito que estaba por llegar. En 1993 salió a la luz "Más fuerte de lo que pensaba", la segunda producción de este trío y el que sería su mayor éxito comercial, con más de 250,000 copias vendidas sólo en ese año. Vino luego "Bienvenido a la vida", en 1995; y por último, "Lugar secreto", que en 1997 fue su último álbum juntos.
Durante varios años, Michel vivió una especie de doble vida, oscilando, como él dice, entre lo real y lo irreal.
—Me iba de gira con el grupo y haz de cuenta que estaba tocando en Argentina, donde nos iba poca madre, y al día siguiente estaba de vuelta en un salón de clases. Eran situaciones tan contrastantes que yo de pronto me preguntaba: 'Bueno pero… ¿cuál de las dos es la realidad?'. Entonces el maestro me preguntaba algo que no sabía y… 'ah, ok —pensaba—: ¡esto es lo real!'.
Estudiante de arquitectura de día y de noche un auténtico rockstar, Michel tuvo que partirse en dos para cumplir con los compromisos. Al final, con un total de cuatro discos grabados y varias giras por México, Centro y Sudamérica; además de una carrera que lo coloca entre los arquitectos más prometedores del país, está claro que salió bien librado.
De baterista a arquitecto
Ser hiperactivo, intenso y requerir sólo cuatro horas de sueño al día deben de haber sido piezas clave para que Michel pudiera recorrer al mismo tiempo dos caminos paralelos, ya que tuvo la energía y el tiempo necesarios para no tener que renunciar a la música con tal de ser arquitecto, ni a su carrera para ser un baterista de fama internacional.
—La arquitectura y la música fueron compatibles hasta el momento en que ya no me gustaba tanto hacia dónde íbamos musicalmente —dice—. Con Lugar secreto, que era un disco ya más pop, Aleks se empezó a perfilar hacia lo que a él más le interesaba hacer. Yo en realidad no quería eso.
Además, para entonces León Chiprut ya había dejado al grupo y lo que antes había sido un trío se había convertido en dueto.
—Era muy raro porque éramos Aleks Syntek y la Gente Normal ¡pero el único que estaba del lado de la gente normal era yo! Ya lo natural es que este cabrón se hiciera solista, ¿no? Y ya… la transición fue muy fácil.
Michel hizo a un lado tambores y platillos para sentarse frente a un restirador. O como él mismo lo cuenta:
—Dejé las viejas guapas que me encontraba en todos lados, las buenas fiestas, por ir a la obra a estar con albañiles —y remata riendo para enfatizar que bromea—: ¡No sé en qué momento tomé esa decisión!
Contrario a lo que pudiera parecer, la fama que Michel había obtenido luego de casi 12 años tocando la batería con Aleks Syntek empezó a hacer mella sobre sus nuevos propósitos. Más de una vez se topó con posibles clientes que, al reconocerlo, ponían en duda su capacidad como arquitecto. No podían creer que alguien pudiera hacer más de una cosa en forma profesional y tan bien. Hoy, que su talento está más que demostrado y aquellos prejuicios han quedado atrás, Michel descansa en su sentido del humor mientras recuerda algunas anécdotas de lo que en algún momento le ocurrió.
—¡Tú eres el baterista de Aleks Syntek! —le decían algunos de los potenciales clientes de su nueva firma—. Puta, ¡mi edificio se va a caer!
Pero no pasó mucho tiempo para que las cosas se acomodaran a su favor. En 1999, el ex baterista se asoció con Isaac Broid, uno de los responsables del rompimiento de la arquitectura moderna junto con Enrique Norten y Alberto Kalach; y con el catalán Miquel Adriá, editor fundador de la revista Arquine, quien había venido a México para trabajar con Ricardo Legorreta. Juntos formaron Adriá+Broid+Rojkind Arquitectos. Siendo el más joven y con menos trayectoria de los tres, Michel describe la relación con sus colegas como una experiencia de gran aprendizaje. De hecho, fue gracias a un proyecto de esa época, desarrollaron entre los tres, que empezó a destacar: la casa F2, ubicada en Atizapán, estado de México, que ganó el Premio Cemex de Arquitectura en 2002 y fue considerada una de las ocho mejores casas del mundo construidas en 2001 por la revista Architectural Record.
Con todo y todo, a la vuelta de tres años siendo parte de este nuevo trío, Michel sintió la necesidad de empezar a experimentar por cuenta propia.
—Me di cuenta de que cada vez que llegaba un proyecto nuevo ellos ya tenían una forma de hacerlo, un método… y yo lo que quería era agarrar una hoja en blanco y decir: 'me vale madre si empiezo de izquierda a derecha, de arriba abajo, con círculos o con cuadrados' —dice Michel.
Michel abrió Rojkind Arquitectos y siguió andando el camino sin más compañía que la de su propia imaginación. Hasta que volvió a encontrar una alma gemela, Gerardo Salinas.
El pretexto de la arquitectura
Hasta la fecha, una de las obras más emblemáticas en la trayectoria de Michel Rojkind es la primera que hizo por su cuenta, al disolverse la sociedad que tenía con Isaac Broid y Miquel Adriá y abrir su propio despacho: la remodelación de la casa PR 34, también conocida como "la casa de la bailarina", ubicada en Tecamachalco, en el Estado de México. Además de sobresalir por su peculiar diseño y el rojo chillante en cada pared exterior del inmueble, llama la atención la historia que hay detrás de esta concepción.
—Un cliente me pidió que le hiciera una casa a su hija, una bailarina de 19 años —comentó Michel para la revista In Magazine—. Me senté con ella a platicar y comprendí su pasión por el ballet. Quise que la obra reflejara la esencia de esta chica. Surgieron así esos dos cuerpos rojos de metal en movimiento.
Para Michel la arquitectura debe estar al servicio del usuario y a la medida del cliente. Me dice que por eso lo primero que hace antes de arrancar un proyecto es averiguar todo lo que puede sobre la persona para quien va a trabajar. Con base en esto hace sus diseños, tal como lo hizo con la bailarina de ballet. Otro aspecto que él considera fundamental es utilizar la arquitectura como pretexto para lograr algo de valor.
—La arquitectura no puede cumplir sólo con la condición de ser bonita —dice—, qué hueva. Hoy debemos preguntarnos qué más hace esa arquitectura. Qué más pudo hacer, qué provocó. Ya que cumpliste con el aspecto funcional, ¿qué se logró con tu forma creativa de crear un espacio?
Esta forma de entender la arquitectura es algo que Michel comparte con Gerardo Salinas, su socio desde hace un par de años, y el principal responsable de poner orden en la oficina.
—Gerardo vivió mucho tiempo en Estados Unidos y aprendió a ser muy estructurado. Es muy bueno para todo lo relacionado con sistemas y procesos, un punto clave desde que empezaron a llegar proyectos más grandes, hace como cuatro años.
La efervescencia y fuerza creativa de Michel aunado al orden y la meticulosidad de Gerardo han hecho de esta dupla una gran mancuerna de trabajo.
La nueva Cineteca Nacional
La historia con la Cineteca empezó hace poco más de tres años, cuando Consuelo Sáizar, la presidenta del Conaculta, conoció a Michel Rojkind. En aquella ocasión, Rojkind Arquitectos había ganado el concurso para construir el nuevo Museo Tamayo convocado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Aunque la construcción de dicho museo todavía no se lleva a cabo por cuestiones políticas, aquel encuentro entre el arquitecto y la funcionaria fue decisivo para que, dos años más tarde, llegara al despacho la invitación a participar en un ambicioso proyecto: la ampliación y remodelación integral de la Cineteca Nacional.
Michel se entusiasma al hablar de la recuperación y revitalización del espacio a través de áreas verdes, foros de usos múltiples y un espacio para funciones al aire libre.
—El espacio verde que hasta hoy había tenido la Cineteca no lo conoce nadie porque está atrás, donde están las bóvedas. Entonces, si tú no te ibas hacia esa parte ni te enterabas de que ahí había un jardín.
Ahora, en cambio ese jardín que había permanecido oculto quedará expuesto y se sumará a nuevas áreas verdes, dando como resultado final un parque con más de 7,100 metros cuadrados de extensión, abarcando lo que ahora es el estacionamiento.
"Cineteca Nacional del Siglo XXI colocará al recinto como el espacio cinematográfico más vanguardista y completo de Iberoamérica”, comentó la propia Consuelo Sáizar en una conferencia de prensa. Para ello, se ha destinado un presupuesto de 380 millones de pesos que abarca, además, la construcción de cuatro salas adicionales y nuevo equipamiento para todas. Así, se buscará satisfacer una demanda que excede las 700,000 visitas al año, cifra por la cual nuestra Cineteca es una de las más visitadas del mundo. Si todo sale bien, la Ciudad de México reestrenará Cineteca el próximo mes de noviembre.
Michel es uno de esos tipos con los que uno siente familiaridad desde el principio. De ahí que nuestra hora y media de conversación se haya ido volando. Antes de despedirme le pregunto si puedo ver su batería. La tiene ahí mismo, en un espacio adjunto a su oficina, por si algo se complica en el trabajo y es necesario encerrarse a tocar un rato.
—La batería es algo que no puede faltar en mi oficina, definitivamente —me dice, y creo ver un dejo de nostalgia en sus palabras.
RODRIGO PÉREZ REMBAO descubrió su afición por contar historias estudiando la carrera de Comunicación y no ha dejado de hacerlo desde entonces. Tiene publicados una novela, un libro de cuentos y cualquier cantidad de reportajes en diversas revistas y periódicos del país